La muñeca de oro

La capacidad de sorprender con su juego que muestra en cada partido Stephen Curry no tiene límites. El mejor jugador de la pasada campaña en la NBA, lejos de relajarse en la primera mitad de esta temporada 2015/2016, ha dado un paso al frente y está mejorando sus registros de anotación, sus porcentajes y su influencia en el juego del equipo.
Campeón del anillo el pasado curso baloncestístico, Curry logró consagrar todo el talento que atesora partido a partido. Buena culpa de su evidente salto de calidad en los últimos años la tiene el trabajo duro que ha realizado, siendo el bote de balón uno de los aspectos más mejorados. Las lesiones, que en sus primeros años en NBA lastraron su progresión, sobre todo, las de tobillo, parecen haber quedado también olvidadas.

Nada frena a Curry, un jugador distinto capaz de combinar el máximo espectáculo y el juego más vistoso con los resultados más óptimos para su equipo y con las estadísticas personales mejores. De su padre, Dell Curry, toda una institución en la franquicia de los Hornets, parece haber heredado el buen tiro y la capacidad para armar la muñeca con una enorme precisión.
Stephen es sin embargo el más académico de los jugadores artistas. Otros como Jason Williams, a quien su juego quizá puede asemejarse, mostraban sobre la cancha un despliegue de virtuosismo y talento parecido al de Curry, pero sus resultados y sus estadísticas jamás gozaron de tal regularidad. Y es que suele ser extraño que un base de inspiración, como es el caso de Curry, mantenga la constancia y la solvencia en cada uno de los partidos.

Tras el último encuentro ante Los Ángeles Lakers, Curry ha dejado sus estadísticas de la temporada en 29,3 puntos; 5,3 rebotes y 6,6 asistencias como media de los partidos, una auténtica brutalidad. Su porcentaje de anotación en tiros de tres se sitúa ahora en un 44,5%, casi diez puntos porcentuales por encima de la media de los jugadores de NBA.

Siempre Tendremos Liubliana

Liubliana es una novela del autor venezolano Eduardo Sánchez Rugeles, que con un vocabulario criollo bastante particular, narra una historia sobre amigos, sobre amor, sobre intriga o sobre tristeza y nostalgia, dependiendo de cuál destaque en la vida del lector. ESR captura magníficamente la esencia de la cultura pop venezolana, sobretodo caraqueña de los 80’s y 90’s, y ha decidido esparcirla por distintos sitios de Europa, la ciudad titular y Madrid principalmente. Además, también relata las reacciones y situaciones de los personajes durante sucesos de la historia venezolana en esos años, con un gran aire de aventura.

Nos encontramos con un protagonista melancólico, reflexivo y enamorado, tanto de una mujer como de su infancia, la cual recuerda con gran detalle y nostálgico cariño. Los personajes secundarios los hay de todos colores: graciosos, perturbados, misteriosos, y algunos totalmente indiferentes, en parte dando la sensación de que cada uno de éstos personajes podrían ser un rasgo de personalidad del protagonista. La historia de ninguna manera pretende enamorar al lector, aunque lo hará, como sucede en el amor entre dos personas, pero en caso de que suceda, también puede desgarrarlo, como sucede en el desamor entre dos personas. Las sub-tramas del libro son diversas y ricas en contenido, sin garantizar finales satisfactorios en cada una de ellas, dejando sensación de que cada una tendría potencial para un libro propio. Cabe destacar que la tristeza y conflicto interno del protagonista lo lleva a evitar logros profesionales importantes que inclusive tendrían el potencial de salvar alguna vida.

Liubliana es una novela muy venezolana, a pesar de llevarle a uno alrededor del mundo, destacando las vivencias del venezolano emigrante de aquella generación, y de la gran nostalgia que puede llegar a sentir al recordar su país de antes, en el que creció. No obstante, más allá de eso, el lúgubre detalle, negro humor y panorama emocional que Eduardo Sánchez Rugeles plasma en su gran historia representan algo que podría acatar a los gustos de lectores de cualquier nacionalidad.

El Club de la Miseria

El Club de La Miseria, por Paul Collier, es un libro que todos deberíamos leer. Collier analiza, verifica y expresa grandes realidades del mundo, del tercer mundo, para ser más específico. Trata las razones fundamentales por las cuales los países que se encuentran en situaciones de miseria como Bolivia, Chad, Laos, Venezuela y Afganistán no logran hacer hincapié en el crecimiento de sus respectivas economías, y de las fallas de forma y fondo que poseen los órganos internacionales al intentar brindar asistencia a éstos países.

Sería ideal incluir la lectura de éste libro en la escuela secundaria, y su análisis en las carreras universitarias afines al tema, sean economía, administración, comercio, política, etc., especialmente en los pensum de los países que trata específicamente el libro, ya que nos deja claro que los problemas de miseria de los países son asuntos internos, y las nuevas generaciones deben estar capacitadas para creer, trabajar, y pensar hacia el éxito, lo cual no significa que sea en una sola dirección, sino en expansión, crecimiento, mejoramiento y superación de metas.

Es preocupante pensar que una quinta parte de la población del planeta viva entre pobreza, golpes de estado y guerras civiles, y que las trampas sean un motivo fundamental de ello: los conflictos, las riquezas naturales, la salida al mar con malos vecinos y los malos gobiernos en países pequeños, el autor descompone cada una de éstas trampas y los métodos idóneos para lograr desarmarlas y eliminarlas, evocando una pequeña sensación de esperanza, pero también de complejidad, de dificultad, que lleva al lector a preguntarse si una tarea de esa magnitud puede llevarse a cabo por comunidades devastadas, quizás hasta ignorantes de las causas que les llevan a su situación. La respuesta es afirmativa, ya que la historia está repleta de países que han superado dificultades mayores y menores, con diversos resultados en el espectro de lo positivo, lo que se necesita es un plan concreto y comunidades dispuestas a acabar sus problemas con expectativas, con esfuerzo, esperanza y trabajo en equipo con entes internacionales reenfocados hacia el ataque a los problemas internos de cada nación en estado de pobreza.

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