Imagen superior en la página interior Acceso a la página de inicio
 Acerca de I.B.S.A.   Noticias Área Técnica Competiciones Patrocinadores Multimedia Documentación IBSA
  Mapa del sitio Enlaces Inicio Extranet Direcciones y contactos English English

Sección Multimedia / Hemeroteca / Revista 14

 

En Italia hay ya unas veinte personas ciegas que practican el buceo. A primera vista podría parecer bastante extraño que un deficiente visual, cuyo contacto con el exterior se basa sobre todo en indicaciones sonoras, completadas y reforzadas por mensajes olfativos, pueda encontrarse a sus anchas en un entorno en el que domina el silencio, roto solamente por las burbujas que salen del respirador, y en el cual no existe ningún olor en absoluto.

GIULIO NARDONE ITALIA

No hay duda de que si la corriente o la "ola" generada por la resaca submarina, al pasar sobre los campos de algas o a través de las ramas de los corales, produjeran el mismo sonido que el viento al pasar entre las zarzas o entre las ramas de los árboles y si los peces, en lugar de ser mudos como afirma el dicho popular, emitieran toda la gama de ruidos y sonidos que componen el pentagrama de los animales terrestres y de las aves, el mundo sumergido sería aún más fantasmagórico.

Sin embargo, el silencio tiene igualmente su fascinación, y no sólo para el que puede centrar toda su atención en las formas y en los colores que golpean su retina. También el que no ve advierte la belleza casi hipnótica del silencio profundo y se ve arrastrado a centrar su atención en las sensaciones táctiles, en el discurrir del agua sobre las partes descubiertas de su propio cuerpo, en la variación de la temperatura, en la infinita gama de sensaciones transmitidas al cerebro por las yemas de los dedos que acarician la flora y la fauna subacuática.

Si se piensa bien, la realidad natural que se presenta a la vista, al igual que al tacto, atravesando un bosque, es mucho menos consistente que la que ofrecen los mares tropicales y, sobre todo, al menos en algunos casos, ha sufrido en una menor medida las contaminaciones y los daños causados por la mano del hombre.

SENTIMIENTO DE LIBERTAD

Por lo tanto, también las personas con limitaciones visuales son capaces de apreciar, quizás más que las personas con una visión normal, el placer de sentirse libres de la fuerza de la gravedad, de casi poder llevar a cabo el viejo sueño de Icaro, como es el de poder volar, disfrutar plenamente las tres dimensiones, ejecutar movimientos y evoluciones totalmente imposibles en tierra firme.

El que no ve, sobre todo si nunca ha podido experimentar la visión, tiende a concebir el espacio que lo rodea como un vacío absoluto, una nada de ningún modo segura, ya que está poblada por cosas cuya presencia no advierte si no es por indicios indirectos, pero con las que puede tropezar o que le pueden caer encima : el aire es un elemento demasiado sutil e impalpable para constituir una protección.

Por el contrario, estar sumergidos, rodeados, abrazados por la morbidez de un líquido que no es tan fluido como para que no podamos sentir su presencia en torno a nosotros y que ralentice todos los movimientos, hace sentir al mismo tiempo menos peligro y más armonía, casi como una danza; extremadamente seguros. Tal vez nos evoca, inconscientemente, la sensación de una vuelta al líquido amniótico del seno materno.

Me doy cuenta, sin embargo, de que todo lo anterior no es otra cosa que la búsqueda, en último término, de una justificación del deseo que tengo de sumergirme; la verdad más inmediata y más simple es que el hacerlo me proporciona una inmensa alegría y que bajo el agua me encuentro verdaderamente bien y completamente a mis anchas.

ES POSIBLE

Y es por esto que después de mis primeras experiencias esporádicas realizadas en 1962, cuando aún militaba en la categoría de los hipo-videntes, una vez que se han presentado las circunstancias adecuadas y las ocasiones oportunas, he decidido hacer más frecuente y regular mi contacto con el mundo sumergido, hasta conseguir el título de "open water", en su modalidad para personas con discapacidades; posteriormente obtuve también el "advanced".

Ocho años y centenares de inmersiones en todos los mares del mundo me han enseñado muchas cosas y me han convencido de que las actividades submarinas están fácilmente al alcance de las personas invidentes, siempre que se lleven a cabo con el cuidado y la atención que exigen y valiéndose incluso de la experiencia de otras personas, para evitar los pequeños y grandes inconvenientes que pueden presentarse.

En mi deambular por todo el globo he conocido a casi un centenar de guías submarinos, ninguno de los cuales había tenido jamás ocasión de sumergirse con un ciego, ni había realizado ningún curso que les preparara para ello. Siempre ha resultado para mí una sencilla rutina la breve y simpática charla con la que explico a mi próximo "buddy" cómo me debe guiar y, al mismo tiempo, trato de hacerle superar el ansia, y a veces el miedo, que le produce la idea de tener que "llevar" bajo el agua a una persona que no ve. Las primeras veces he sido verdaderamente "llevado", arrastrado, empujado y colocado aquí y allá, sin tener ni idea de la dirección, de la profundidad, de las cosas que me hacían tocar. Después de estas primeras experiencias un tanto negativas, he comprendido de inmediato que todo esto no se correspondía de hecho con lo que yo intentaba y deseaba hacer: no quería ser un fardo inerte, sino un protagonista activo y directamente participante en la excursión subacuática.

No quería quedarme agarrado pasivamente al brazo del instructor, sino aletear con él y dirigirme con conocimiento a la dirección que se me indicaba, para poder así memorizar el recorrido, tanto en sentido horizontal como vertical y, sobre todo, poder tener un mínimo de diálogo, recibir la información necesaria para poder entender la naturaleza de las cosas que iba tocando. Y esto cuando aún no utilizaba los intercomunicadores vocales subacuáticos.

buceador

TÉCNICAS


Para lograr todo esto, he elaborado y perfeccionado a lo largo del tiempo unas modalidades específicas de guiado, como p.ej. el sistema "rudder", y una serie de señales táctiles, lo más sencillas e intuitivas posibles, fáciles de comprender y de memorizar.
El deseo de hacer partícipes también a otras personas con discapacidades visuales de mi entusiasmo, y de ahorrarles el esfuerzo de tener que inventar desde cero un método propio de hacer buceo, además del deseo de simplificar las cosas para aquellos que tengan que acompañar a un ciego o a un hipo-vidente, me ha llevado a escribir un libro, titulado "Bajo el agua con un ciego". En él he querido, junto con su coautora, María Luisa Gargiulo, psicóloga y también ella hipovidente, sugerir unos comportamientos estándar, que cualquier persona pueda adaptar a sus propias necesidades, pero que pueden evitar de forma sencilla toda una serie de errores debidos a la inexperiencia específica.
Pienso que incluso los discapacitados visuales, para los que existe una versión en disquete magnético o en disco flexible que se distribuye gratuitamente, podrán encontrar interesante su lectura y ser influidos por nuestro entusiasmo, que es posible que logre llegar allí o acá, aunque sólo sea a nivel de sugerencias técnicas y prácticas.

Pero me gustaría que esas páginas pudiesen conseguir otros y más importantes fines de carácter general: por un lado hacer que todo el mundo conozca mejor al ciego como persona, más allá de los estereotipos y de los prejuicios habituales, con objeto de poder convencer a la gente de que, aparte el problema visual, no somos personas tan extrañas y diferentes; por otro lado, hacer comprender que también en este caso, como en tantos otros de la vida, en el preciso momento en el que uno se da a los otros, se puede recibir mucho a cambio. Tener que seleccionar y después describir las maravillas de la naturaleza hace que el guía lo vea con otros ojos, con mayor atención, conocimiento y participación: he podido escuchar muchas veces que nunca se habían dado cuenta de una forma tan profunda de la belleza de todo lo que les rodeaba, como cuando habían tenido que describírmelo. El que me acompaña habitualmente me ha confesado que cuando se sumerge conmigo siente un entusiasmo mucho mayor, en tanto que el placer de disfrutar de las bellezas del mundo sumergido se multiplica al hacerme partícipe.

En uno de mis cuadernos de buceo, en las notas sobre una inmersión en Rarotonga, en las Islas Cook, Dane Sennis, un prestigioso instructor neozelandés, me escribió estas palabras : "Giulio, gracias por esta maravillosa experiencia. Ha sido una de las inmersiones más satisfactorias de mi carrera".

"tambien el que no ve advierte la belleza casi hipnótica del silencio en las profundidades marinas"
"he elaborado un método específico y un sistema de señales táctiles, sencillas e intuitivas, para guíar al ciego en la práctica del buceo"

  Índice revista número 14
    Inicio de página