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Sección Multimedia / Hemeroteca / Revista 11

 

EDITORIAL

MIRANDO A SYDNEY CON SENTIDO COMÚN

deportistas

La celebración de unos Juegos abre siempre la puerta a una nueva etapa. Ocurre en el Movimiento Olímpico -ya centenariamente asentado- y, con mucho más motivo, en el ámbito del deporte paralímpico, cuya tradición es todavía mucho más novel y, por lo tanto, abocada a ir perfilándose en el tiempo y a terminar de definirse en muchos de sus extremos. Atlanta ha sido el último puerto de esta emocionante travesía, iniciada en Roma en 1960, y consistente, nada más y nada menos, que en el arriesgado reto de demostrar que las máximas del olimpismo son de perfecta aplicación a las personas afectadas por alguna discapacidad. Que luchar por la mejor marca, por batir el récord, desde la hermandad que emana del deporte como manifestación de los mejores valores del ser humano, no es terreno vedado para aquellas mujeres y hombres que, además de deportistas de alta competición, son personas aquejadas por algún tipo de minusvalía.

Pero si relativamente corta en el tiempo, esta experiencia del Paralimpismo está resultando sin embargo espectacular en sus resultados: tanto en los puramente deportivos (marcas, implicación internacional, número de atlet as, etc.), como en los referidos a organización y estructura interna del Movimiento que lo sostiene en todo el mundo. Desde la perspectiva del deporte de personas ciegas y deficientes visuales, ambos parámetros nos ofrecen una trayectoria que no puede sino llenarnos de satisfacción. Los deportistas adscritos a IBSA vienen reflejando -año tras año- saltos auténticamente cualitativos en sus rendimientos y marcas, por no hablar de su progresivo peso específico dentro del conjunto de la familia paralímpica. Nuestra Federación, como tal, viene realizando un esfuerzo ímprobo por extender su radio de acción a todos los países, con especial atención hacia aquellos cuyas dificultades y carencias hacen, de la práctica deportiva de los discapacitados visuales, un objetivo sembrado de obstáculos.

Los retos...

El balance, en cualquier caso -sin dejarnos llevar por peligrosas euforias-, ha de calificarse como radicalmente positivo. En sólo diez ediciones, los Juegos Paralímpicos han conseguido abrir un hueco en la estructura internacional del deporte que ya nadie, nunca, podrá cerrar. Y ello, pese a las dificultades derivadas del progresivo "economicismo" que rodea toda manifestación de esta naturaleza: son los medios de comunicación quienes convierten la gran cita cuatrienal del deporte en un espectáculo "sin fronteras", y de su mano la PUBLICIDAD y los recursos de ESPONSORIZACION se han constituido en un elemento indispensable para hacer factible el desarrollo de los Juegos.

El deporte paralímpico -con frecuencia olvidado desde esta perspectiva por los mass media- ha de luchar así, y lo viene haciendo con denuedo en los últimos años, no sólo por estar a la altura deportiva que se exige a los atletas de élite, sino por conseguir a la vez que estos logros alcancen a la opinión pública y merezcan el apoyo financiero y la cobertura informativa que indiscutiblemente merecen.

...Y los medios

Para afrontar tan ardua tarea, todo el empeño y los medios, económicos y humanos, de que dispongamos serán pocos. Desde la cúspide mundial del deporte, el Comité Internacional Olímpico (CIO), que preside Juan Antonio Samaranch, se ha insistido al respecto en la necesidad de UNIDAD del Movimiento Paralímpico, a fin de alcanzar las metas planteadas y continuar por un camino de progreso. Pero la propia bisoñez de este movimiento, y no pocos malentendidos que de la misma se han derivado, nos conducen con frecuencia a situaciones en que dicha unidad se pone en solfa, cuando no se pretende alcanzar por la vía del "ordeno y mando", del autoritarismo más puro y duro, que además suele ir de la mano de la falta de sentido común.

Los deportistas discapacitados somos personas que luchan y se esfuerzan, día a día, por alcanzar nuevas metas, con profesionalidad y abnegación. Merecemos, por tanto, todo el respeto de las estructuras organizativas, ideadas y mantenidas precisamente para facilitar el desarrollo del deporte, nunca para poner trabas o imponer directrices, carentes de la más mínima consideración hacia las circunstancias específicas del deporte practicado por personas con diferentes tipos de minusvalía.

Pero esta obviedad no parece serlo últimamente en algunos ámbitos. En este mismo número, BSI deja constancia del enfrentamiento vivido en Atlanta entre el Comité Internacional Paralímpico (IPC) y algunas Federaciones Internacionales, con IBSA a la cabeza. Retomando el argumento con que abríamos este comentario, el pistoletazo de salida para una nueva Olimpiada (que culminará en Sidney en el año 2000) debe servir para sacar, una vez más, consecuencias. Retomemos el sentido común, aceptemos como justo lo que es de justicia, posterguemos ridículos personalismos asentados sobre, seguramente efímeras, posiciones de fuerza, y pongámonos todos A TRABAJAR por el deporte, por los deportistas. Es mucho lo que nos jugamos.

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