Javier Aguado
Sin quererlo tenemos que remontarnos a 1.992, aquel
año mágico en el que todas la miradas estaban puestas
en BARCELONA, una ciudad que, mirando al "Mare
Nostrum", apostó por el deporte olímpico y
paralímpico. Todas las personas que, de una manera u
otra, estuvieron implicadas en la organización de ambos
eventos -empezando por el máximo responsable y
terminando por el voluntario más voluntarioso-
estuvieron a la altura de las circunstancias, pero por
una razón muy sencilla: CREIAN EN LO QUE HACIAN. Eso es
lo que le ha faltado y fallado, precisamente, a los
organizadores de ATLANTA. Nunca se han creído que
organizar una PARALIMPIADA es mucho más serio de lo que
parece y el resultado ahí está. Los únicos que han
dado la talla son los deportistas que, gracias a su
esfuerzo -durante 15 intensos días,- su tesón, su
espíritu de lucha, de superación, han sabido superar
todas las "barreras mentales" que otros les han
interpuesto.
ALGUNAS CUESTIONES SIN RESPONDER
¿Cómo es posible que ciertas selecciones tuvieran
que esperar más de seis horas para acreditarse -cítese
por ejemplo a Australia, Portugal, España, Nueva
Zelanda, Francia y un largo etc.?
¿Los aletas no eran merecedores de una digna
ceremonia de entrega de medallas?
¿Cómo se explica que un Estadio Olímpico, con unas
grandiosas dimensiones, se quede semivacío
-concretamente con veinte personas- entre las que se
encontraban miembros de la Familia Real Española?
¿Quién era responsable o responsables de que los
resultados de las diferentes pruebas tardaran en
difundirse?.
¿Por qué se producían largas colas en los
comedores?.
¿Por qué el equipo de conductores de la flota de
transportes se perdía antes de llegar a su destino?.
¿Por qué el Comité Paralímpico Internacional (IPC)
se empeña en enfrentarse con las diferentes Federaciones
Internacionales de deportes para minusválidos?
Estas y otras cuestiones quedarán en el cajón de los
olvidos sin responder. Permanecerán en los archivos de
la ignorancia de los dirigentes de los Juegos
Paralímpicos de ATLANTA'96, porque el tiempo todo lo
borra, pero tenemos la esperanza que los organizadores de
SIDNEY'2000 habrán tomado debida nota de "lo que no
se debe hacer nunca" y "de lo que se puede
evitar", cuando puede preverse alguna anomalía.
LOS AUTENTICOS PROTAGONISTAS
Alguien puede pensar que estas líneas tienen algún
afán de venganza. Se equivoca. Esta competición no
pasará a la historia, evidentemente, por la pericia y el
buen hacer de los organizadores. Pero -no nos cansaremos
de repetirlo- los que sí han escrito una página de oro
han sido los atletas, quienes al final se convirtieron en
los auténticos protagonistas de una bella historia
deportiva que transcurrió a lo largo de 15
extraordinarios días.
Citar a todos los que, de modo u otro, han contribuido
a crear afición podría resultar imposible dentro de
este comentario. Sin embargo, nos van a permitir que
reflejemos, en la medida de lo posible, algunos de los
momentos más emotivos que han llenado la memoria de
muchos de los que hemos estado disfrutando y sufriendo en
ATLANTA.
Si iniciamos nuestro somero repaso desde la ceremonia
inaugural nos encontramos con flashes fotográficos
difíciles de olvidar. Sin ir más lejos el semblante de
los deportistas cuando desfilaron ante un estadio
olímpico que, si bien no estaba al completo, si
despedía una cierta complicidad que luego no se reflejó
en las jornadas posteriores.
En los días de competición existen infinidad de
postales grabadas también en la memoria y, a la par,
difíciles de reproducir. Si bien hay ciertos momentos
como la semifinal de los 200 metros en los que la atleta
española, PURIFICACION SANTAMARTA, batió su propio
récord del mundo y su semblante no era precisamente
alegre -"No he venido a ATLANTA a ganar medallas,
sino a superar mis propias marcas"-, declaraba a los
medios acreditados a pie de pista. Esta puede ser la cara
o la cruz de una moneda que no se antojaba igual para
todos, porque a JAVIER CONDE no le dio tiempo ni a alzar
los brazos en señal de triunfo cuando terminó la
maratón, de forma casi exhausta.
No podemos olvidar, por supuesto, a la selección
australiana de Baloncesto en Silla de Ruedas cuando se
alzó con el triunfo final ante "la naranja
mecánica" (HOLANDA) y , sobre todo, el momento en
el que su jugador DAVID GOULD, con el dorsal 6 y amputado
de las dos piernas, fue alzado por su compañeros para
cortar la red de la canasta.
Pero, posiblemente, el conjunto de imágenes que se
tardará más tiempo en olvidar es el que recoge al
judoka inglés SIMON JACKSON que, una vez más, se
convierte en el único deportista paralímpico que gana
todos los combates en los que se enfrenta. Todos los
especialistas consultados afirman que se trata de una
excepción. De hecho, el equipo olímpico británico
quiere echarle el lazo para los próximos juegos de
SIDNEY 2000. Él está aun indeciso.
Una última impronta, que tampoco será fácil olvidar
es la de la norteamericana TRISCHA ZORN, la mejor
nadadora de todos los tiempos, superada ya su cima
deportiva. Sus lágrimas y su mirada fija ante la bandera
norteamericana mientras sonaba el himno nacional,
hicieron conmover los cimientos del "Aquatic
Center" de la Universidad de Georgia. Nos permitimos
hacer un último apunte, dedicado a la gran labor que
-una vez más- han realizado los voluntarios, quienes, si
hubieran estado mejor dirigidos, habrían ejecutado una
labor más fructífera. De cualquier modo, hemos
presenciado auténticas estampas en las que chicos y
chicas de todas las edades hacían verdaderos esfuerzos
por que todo pareciera normal y nada caótico. Hay que
reconocer que, en muchas ocasiones, eran víctimas de la
agotable paciencia de muchos.
.. y EN SIDNEY ¿QUÉ?
Esa es la pregunta del millón. La cuestión que todos
los que acudimos a ATLANTA nos hacíamos cuando
volvíamos a pisar nuestra tierra aborigen. Las
expectativas "vendidas" en la presentación que
hicieron en tierras americanas fueron buenas. Sin
embargo, la noticia saltaba a los teletipos un mes
después de la finalización de los anteriores Juegos: el
Presidente del Comité Organizador de los Juegos
Olímpicos de SIDNEY 2000 había presentado su dimisión
ante el gobierno, por incompatibilidad en los objetivos
por él propuestos y los de los dirigentes oceánicos.
No debe cundir la alarma; aún quedan cuatro años y
mucho camino por andar. Si bien hay que estar atentos,
sobre todo al rumbo que van a tomar las relaciones entre
el IPC y las Federaciones que quedaron bastantes
deterioradas, en sus reuniones de Atlanta.
De todos modos, y de lo que no cabe ninguna duda, es
que el deporte para discapacitados es un valor en alza
constante. Y nuestros deportistas lo saben.
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