‘El hermano pequeño del tenis’

El pádel, ese gran desconocido. O al menos lo era, porque desde hace relativamente poco, este deporte se ha convertido en algo más que un simple juego minoritario.

Con la proliferación de pistas en prácticamente cada nueva urbanización, el surgimiento de instalaciones en cada polígono de barrio y los torneos organizados en multitud de pueblos de nuestro país, el pádel se ha transformado en el complemento perfecto para aquellos a los que el tenis les parece un deporte demasiado intenso. Hoy en día cualquiera puede permitirse comprar una pala y un par de pelotas para echar la tarde con 3 amigos o tomar como hábito los domingos el alquilar una pista en lugar de quedarse en casa viendo la televisión.

Lo realmente interesante y divertido del pádel es que la condición física no es lo más importante, a no ser que se compita de forma profesional, ya que la colocación en el terreno y sobre todo la técnica, son los factores más trascendentales. Y engancha, claro que engancha. Te seduce porque puedes realizar todo tipo de golpes utilizando las paredes, las subidas a la red no son tan fatigosas como en el tenis y la picardía a la hora de colocar una bola te permiten disfrutar de puntos que seguramente no habías siquiera imaginado si nunca has sido un forofo de este deporte.

Pocos saben que se inició en México allá por los años sesenta, pero que no fue hasta 2005 cuando nació el primer Circuito de Pádel Profesional, y que en España comenzó a acreditarse como deporte en La Costa del Sol. El dinamismo que ofrece el juego por parejas se pone de manifiesto cada vez que los compañeros del mismo equipo intercambian posiciones para facilitar el golpeo del otro, por tanto la sincronización entre éstos debe ser óptima para no estorbarse dentro del rectángulo de 10×20.

Es una opción más que recomendable para cualquier época del año, ya que al poder jugarse tanto en pista cubierta como en exterior, las inclemencias del tiempo nunca son un problema.